sábado, 25 de mayo de 2013



FRAGMENTO: UNIVERSO Y CONCIENCIA  

Para entender el universo, antes debemos saber qué es la conciencia e investigar sobre la mente humana, sus necesidades y comportamiento. Ello supone cambiar el concepto de vida que tenemos, modificar nuestros criterios, sobre objetivos ambiciosos que nos asfixian y alejan del alma y el corazón humano, modificar nuestros criterios sobre el sistema de gestión del capital, la riqueza, las ganancia y el éxito tomándonos tiempo para estar y divertirnos con nosotros mismos y con nuestros seres queridos. Pero, para que esto suceda, es preciso tomar conciencia y aceptar que la mecánica actual de estos criterios, la versión adquirida acerca de nuestras prioridades en la vida, solo nos trae caos, fracaso, tristeza, aislamiento, soledad, crimen y deshumanización. Entonces debemos hacerlo público llevándolo a los colegios, a las universidades, a nuestra educación.

En la mente humana, en nuestro código genético, se haya el universo al completo. El mismo movimiento de contracción y expansión, el mismo latido, la misma profundidad ilimitada, los mismos agujeros negros, las mismas dimensiones desconocidas.

El trabajo es comprender la naturaleza de la conciencia ¿qué es? ¿De dónde y cómo surge? ¿Dónde se encuentra? ¿Cómo y cuándo nace? ¿En qué momento se produce la gran explosión, el desenlace, el parto? Si hayamos respuestas a estas preguntas, si somos capaces de sumergirnos en las profundidades de nuestro universo interior, encontraremos nuestras raíces, desvelaremos el misterio del Universo y de la vida.

La idea del espacio-tiempo es un interrogante que sorprende y se lleva la cabeza de físicos y astrónomos. Hemos definido y estructurado el espacio. Al observar, o enfocar la atención, capto un espacio entre yo mismo y los objetos observados. Alcanzar, o tomar, los objetos me supone un movimiento y, por tanto, un tiempo de recorrido. El planeta gira alrededor del sol, la luna alrededor de la tierra. Este movimiento nos da la percepción del día y la noche que, junto con los ciclos estacionales y los equinoccios, nos permite contabilizar el tiempo y de este modo los años que vivimos. Al pensar en los años que vivimos, pensamos en función de tiempo y espacio. Al pensar en función de tiempo-espacio, nos pensamos como una entidad física, o material, que nace y muere, siendo, entonces, cuando establecemos una carrera con la vida. La memoria se vuelve en contra nuestra. Descubrimos que la vida corre hacia adelante, al parecer, a gran velocidad, así que nosotros empezamos a querer correr hacia atrás, en un intento de escapar de lo que hemos creado: nuestro tiempo que, por más que lo intentamos, no lo conseguimos, siendo engullidos, tragados y devorados por su memoria.

Claro, que, puedes decir qué esto es algo lógico, así es la vida. Es la realidad física, pero ¿es la realidad física una realidad, o tan solo es una percepción, o apreciación? ¿Qué quiero decir, que no existo? porque yo siento. Ciertamente, siento y, por tanto, padezco. Nazco en un tiempo, me experimento en un espacio, o escenario, llamado vida y muero. Pero ¿Y si no tuviéramos definidos y estructurados estos conceptos del modo como los tenemos? ¿Qué podría sucedernos? Si no contabilizásemos los años, los meses, los días, las horas, los minutos ¿no tendríamos una percepción distinta de la realidad y de nosotros mismos? Claro que puedo pensar que algo así es imposible

¿No crees que los animales, los árboles, las plantas, deberán tener una apreciación muy distinta del tiempo y del espacio? ¿Cómo será el espacio y el tiempo de un caracol cruzando una carretera? ¿Le importará si pasa un vehículo y lo aplasta? ¿Crees que pensará en las horas que tendrá que invertir en su recorrido? ¿Piensas que no tiene memoria? Claro que la tiene. Las hormigas saben que deben salir por alimentos si quieren sobrevivir en invierno, así que tienen una concepción del tiempo, pero ¿Crees que contaran cuanto alimento necesitan almacenar y los días que las supondrá hacerlo? Algunas mariposas no viven más de un día ¿nacerán estresadas pensando en el poco tiempo que las queda?

También los árboles, o las plantas tienen su concepción del tiempo muy integrada al fenómeno de la luz y las estaciones. Cuando el sol se va, se repliegan, cuando la primavera llega, florecen. Se cree que aún viven tribus desconocidas en lugares de la Amazonia ¿crees que llevarán relojes de pulsera en sus muñecas, que les preocupará el tiempo que les llevará su recorrido para llegar a la hora de la cena? ¿Cómo crees que pueda ser la realidad si no tuviésemos estampados los horarios a nuestro alrededor, sin algo que nos recuerde el tiempo que nos queda? Algo inconcebible en esta era, la cual vivimos tan atrapados por nuestro tiempo, siempre mirando nuestros relojes ¿verdad?

Sin embargo ¿dónde está el tiempo? ¿Cómo lo puedo atrapar? Pienso en la experiencia agradable que viví ayer, pero me resulta tan intangible, tan ficticio. Recuerdo el viaje que hice el año pasado a Venecia, recuerdo sus calles, su arquitectura, los gondoleros, que entrañables y gratos momentos. Ciertamente. Momentos, solo fueron momentos que viví, maravillosos recuerdos que, ahora, se disipan en la absoluta nada, algo que no podré vivir de nuevo, algo que no puedo traer a mi realidad, algo que se desvanece cuando pienso en ello. Eso sí, tal vez pueda regresar a Venecia y revivir el pasado, pero ya no será lo mismo. No serán los mismos gondoleros, ni las mismas gentes, aunque es posible que sus callejuelas continúen igual, pero  tampoco el sabor de sus comidas será el mismo, porque yo no puedo detenerme en el tiempo y ahora no me sabe cómo aquel entonces. Recuerdo mi juventud, lo que disfrute, lo que sufrí, lo que amé y lo que lloré. Han pasado 30 años desde entonces, pero mis recuerdos son tan vagos. Me parece que sucedió hace un instante. Me resulta todo tan impreciso, tan abstracto, eso sí, mirándome ahora, no me crece el pelo igual, el rostro ha cambiado, he cogido algunos kilos, a veces me duelen los huesos, antes me duchaba con agua fría en invierno, ahora me ducho con caliente en verano ¿Dónde están los años, dónde está el tiempo? Cada momento que tengo un pensamiento, el tiempo cambia. Cada pensamiento es la secuencia de un ahora y cada ahora, ya es pasado, ya no está, solo existe en un lugar oscuro, recóndito, de mí memoria, como algo ficticio, irreal, ilusorio.

El tiempo es un movimiento dentro del campo de acción de la mente. En la vida todo es un ciclo, un círculo, por eso los planetas son circulares, pues todo gira en círculo y sobre sí mismo, sobre un mismo eje llamado Universo, Inteligencia, vida, o Conciencia. Inspiramos, expiramos, el corazón se expande, se contrae, con la primavera comienza la vida, con el invierno acaba, sin embargo, cada ciclo es único, cada instante es inigualable. Mira las olas del mar, atrapan la orilla y al momento se van y, al momento llegan otras y ninguna es la misma, eso sí, todas representan el mar, todas son una sola. El pensamiento es la información adquirida que se mueve en nuestro cerebro circularmente, o si quieres, como las olas del mar y, cada uno de nuestros pensamientos, supone una fracción de instante, de momento único. Pero entre fracción de instante e instante existe un agujero negro, un espacio indefinido por donde te puedes colar y acceder a otras regiones, a otros mundos, a otras dimensiones de realidad de uno mismo. Puedes sumergirte en el espacio sin tiempo, donde nada se mueve, donde nada existe y todo es, puedes sumirte en el mismísimo vientre del universo, en la inmensa nada y vivir una experiencia de lo pleno y absoluto.

El Cosmos no tiene un tiempo, es sin tiempo. El tiempo del cosmos es tu tiempo. Donde tú te mueves se mueve el cosmos, pues no es más que la percepción de uno mismo. El Cosmos es la mente humana y la mente humana, es la mente del Cosmos. El cosmos existe mientras uno existe y adquiere la forma del momento en el cual uno existe. Galileo tenía una percepción del Universo que compartió con otros y Einstein tenía una percepción del tiempo y el espacio que también compartió, pero cuando ambos murieron, también murieron con ellos sus percepciones, pues el Universo y la vida solo está presente mientras uno está presente. Evidentemente, esto que aquí escribo, pienso quedará para la posteridad y será un eslabón en la escalera de la evolución humana, pero no estaré aquí para verlo, con lo cual me trae sin cuidado, solo lo hago porque me apetece y porque disfruto haciéndolo. Tal vez, mañana, el mundo se hunda y, todo esto que ahora escribo, se hundirá con él. En cualquier caso, en unos años, quizá, décadas, con suerte, algún centenario, la percepción de la humanidad habrá cambiado y mis ideas estarán obsoletas, puesto que surgirán otras más revolucionarias. Además de eso, mis ideas, solo son mis ideas, pueden resultarte útiles para comprender las tuyas y aunque parezcan guardan cierta semejanza con las mías, serán, únicamente tuyas.  La mente humana, igual que el Universo, se habrá movido en un tiempo sin tiempo.

La percepción y la comprensión es cosa de cada uno. Aunque los dos miremos a través del mismo telescopio, cada uno tendremos una percepción distinta y cada instante que miramos, podemos comprobar que el Universo cambia. Lo que ahora parece tener 14 millones de años, dentro de unas décadas, quizá, algún centenario, la visión habrá cambiado, entonces es posible que la ciencia concluya que no hubo big-bang, que el llamado big-bang, era una simple contracción, en un tiempo, de un Universo sin tiempo, ilimitado y desconocido, y es que mirar el Universo, es como mirar por un calidoscopio, en un momento adquiere una forma concreta, pero al moverlo adquiere otra. Por eso lo concreto existe, pero solo al tiempo de mirarlo y en cuanto cambias la vista, deja de existir. Así los humanos, el tiempo y el espacio, parecen existir, pero la realidad es una simple percepción. En este instante todo parece estar ahí, correctamente colocado en su sitio, pero de pronto todo nuestro mundo cambia, o desaparece. La vida se esfuma y, con ella, nuestra realidad. Tenías un objeto delante de ti que estás seguro de haberlo dejado ahí, pero ahora no lo ves, es como si se hubiese disuelto en la nada y, de pronto, lo vuelves a ver y te dices, como puedo no haberlo visto si estaba aquí, justo delante de mí.

Solo existimos en el ahora, todo existe en el momento, en el instante, y al instante deja de existir, por lo tanto nada es real. Todo es como un abrir y cerrar de ojos, como un pestañeo, una respiración, un latido, un ciclo. Abres los ojos y la vida aparece, los cierras y la vida se va. Duermes y no sabes que sucede en el mundo. Mientras duermes estás ausente, crees que el mundo sigue ahí, te acostaste con la idea de despertarte y de que el mundo seguiría en el mismo lugar, pero quizá no despiertes. Para ti todo era real ¿pero dónde está ahora lo real si no despiertas de tu sueño? Tal vez continúes viviendo en otra dimensión, tal vez ahora lo estés haciendo, viviendo en otro mundo, o en otra época, con otra identidad ¿lo sabes? Crees que si porque esto es todo cuanto conoces, por lo que rotundamente dirás que no puedes vivir más que aquí. De algún modo es así, pero si hay una vaga posibilidad de haber vivido otra vida, o de estar viviendo también ahora, al mismo tiempo, en otra realidad, en cualquier caso, si tu identidad no es la misma que esta ¿de qué te sirve?

Solo podemos recordar una identidad, la que vivimos en este momento. Tal vez haya un momento en que podamos recordar todas nuestras identidades y entonces, nos daremos cuenta que somos todas las personas, viviendo una única experiencia. Cuando entras en una habitación de espejos puedes ver tu imagen hasta el infinito. Todas son tu imagen y todas se mueven cuando tú te mueves. Eso mismo sucede con todo nuestro universo. Tu mundo se despliega cuando abres los ojos y todo lo que ves es una impresión de ti mismo, tu proyección y cuando te mueves, el mundo se mueve contigo, pero solo puedes enfilar el grupo de imagen proporcional al espacio donde enfocas tu vista ¿significa eso que el resto de imágenes no existen? Sí y no. Existen por que las has visto y aunque de repente no la veas porque no puedes mirarlas, tú sabes que están ahí y que son parte de ti, pero desde el instante en que las pierdes de vista, en realidad no están.

El viaje hacia afuera es necesario, puesto que la mente, como el universo, es expansiva, ilimitada, pero para poder expandirse en su totalidad, si es que hay totalidad, puesto que al utilizar la palabra totalidad ya le damos origen y fin, hay que mirar hacia adentro. Para comprender el Universo hay que bucear en la conciencia, pero si quieres datos científicos los tendrás, pero siempre serán el resultado de ese momento en el que estás observando, tu momento, con lo cual, no son fiables, aunque tal vez, puedan servirte de referencia. De niño me contaron el cuento de un niño que se introdujo en el bosque y, para saber por dónde tenía que regresar, fue dejando miguitas tras de sí, pero los pájaros se las fueron comiendo, por lo que nunca pudo regresar. Las cosas de fuera son referencias, pero el verdadero conocimiento está dentro. El niño si pudo regresar, porque se olvidó de la lógica que había tramado, que no era tal, y dio paso a su intuición. Los grandes navegantes, o descubridores, saltaron al vacío, aunque nadie creía en ellos, pero ellos sí confiaban en su intuición y, la mayoría, consiguieron sus sueños.

Cuando el ser humano descubra que todo está dentro de sí, la humanidad entrará en la verdadera era espacial, entonces alcanzaremos otras realidades, otros mundos que ya existen en nosotros.



LA VIBRACION DEL ESPIRITU
 
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