sábado, 25 de mayo de 2013



FRAGMENTO: LA NO MENTE

Alumno:
Parece sea necesario establecer siempre nuevos objetivos para no perder el norte. Piensas en casarte, tener hijos, un buen trabajo, como objetivos en tu vida, pero cuando ya los tienes, muchas personas entran en una fase de aburrimiento y desmotivación.

Ignacio:
Así que algunos de los objetivos prioritarios de las personas son: encontrar un buen trabajo, una buena pareja, casarse, adquirir una bonita casa, un bonito vehículo, tener hijos y... divorciarse, después repartir los bienes, volver a encontrar otra pareja, tal vez, volver a casarse, volver a tener hijos y después volver a divorciarse, para de nuevo volver a intentarlo. Por tanto los objetivos, que parece en principio fuesen el motor de  nuestras vidas, son muy limitados. Cuando ya hemos repetido los mismos objetivos, dos, tres, cuatro veces, y no resultan como esperamos nos quedamos sin nada y caemos en la monotonía y el aburrimiento ¿es eso? Bueno, luego probamos a buscarnos retos algo más complejos o ambiciosos como aumentar nuestro estatus social, ampliar el campo operativo de nuestros negocios, adquirir mayor poder económico, competir con nuestros vecinos, hacerles la vida imposible, o crear una guerra. Es decir, generar conflictos, pues parece que el conflicto proporciona la adrenalina necesaria para seguir sosteniendo el desencanto y la rutina diaria. Con lo cual, el objetivo que debiera ser la fuente de evolución y prosperidad del ser humano, se convierte en algo conflictivo, enredado, destructivo.

Existen personas a las que los objetivos trazados por la gran mayoría no suponen reto alguno pues, desde que nacen, ya poseen todos esos distintivos, bienes, riqueza, etc.

En la naturaleza de cada ser humano existe una tendencia evolutiva, un instinto de aventura, un sentido de progreso, un afán por superar límites e ir más allá, pero parece ser que, para quienes manejan los hilos de la economía mundial, sus únicos retos, sus grandes preocupaciones, sus máximos objetivos, estén enfocados exclusivamente en sus luchas personales de poder y gobierno, o manipulación, en un intento, tal vez, de saciar un ansia de ambición insaciable que, quizá, desconozcan a que responde.
En mi carrera profesional… fijarse, al decir esto, las palabras que utilizamos y como las utilizamos, es como si la vida fuese un concurso continuo en el que forjar sueños contra reloj. Bien, quería decir, en mi andadura de dedicación laboral, quizá así suena mejor, aunque todavía me resulta inadecuado puesto que parece que necesariamente debemos separar las cosas en: mis horas de trabajo, mi tiempo de ocio, mi familia; es decir: ganar dinero, pasarlo bien, responsabilidad y afectividad. Ahora mi pregunta es ¿puedo ganar dinero, pasarlo bien y mantener un nivel óptimo de afectividad y responsabilidad como si todo cuanto hago respondiese a una misma cosa, a un conjunto de una sola unidad? Parece algo muy difícil ¿verdad? Sería algo como vivir satisfecho, pero también esta palabra, satisfecho, parece hacer referencia únicamente a algo puntual, así que también veremos y entenderemos esto con más claridad. Decía, o quería decir que, en el trabajo que desarrollo, he tratado a muchas personas que han alcanzado los objetivos previstos en la vida y acuden decepcionados buscando algo para no venirse abajo. Tengo todo cuanto soñaba, te dicen, pero no me siento bien con ello, algo no funciona, algo falta, aunque no se bien qué ¿tal vez sea adquirir un sentido distinto de uno mismo y de la existencia? Pregunto.

Hace unos cuantos años, el psicólogo estadounidense Abraham Maslow postulaba, en su teoría de la pirámide de las necesidades, que conforme el ser humano satisface sus necesidades básicas tiende a buscar la realización de deseos más elevados, pero ¿qué son las necesidades básicas hoy en día y dónde está el límite? pues esto no se ajusta a la realidad de muchos quienes han satisfecho sus necesidades y cumplido sus objetivos personales y sociales, puesto que continúan sumidos en la rueda del ansia y la satisfacción aparente.

Parece, más bien, que fuéramos quemando etapas con la edad, cuando somos jóvenes tenemos el mundo por delante, nos hacemos ilusiones y nos marcamos los objetivos establecidos para ser aceptados socialmente, aunque en muchos de estos jóvenes tampoco esto se ajusta a la realidad, pues son desgraciados, agresivos, infelices, insatisfechos. Esto lo vemos claro cuando llega el fin de semana y la juventud busca su liberación en las drogas y el alcohol. Con lo cual, creo, es evidente el vacío existencial, la gran carencia interior, la falta de compromiso y realismo en cuanto al significado de los objetivos y prioridades que nos trazamos. Es curioso ver la evolución social a lo largo de este siglo pasado. Entonces se sufrían penurias, se trabajaba duro, muchas horas, mucho esfuerzo, para recibir pequeños sueldos, ahora se trabaja pocas horas, todo automatizado, mecanizado, cobrando salarios considerables y, sin embargo, seguimos sin sentir satisfechas nuestras necesidades básicas, es más, las necesidades, parece, han aumentado. Ahora derrochamos grandes cantidades de dinero. En España existen miles de viviendas vacías, porque se creó la necesidad de tener una doble vivienda, una de lunes a viernes y otra para fin de semana o verano. Vehículos, a cada cual más ostentoso, que se quedan anticuados en tres años, de los que uno se cansa y se encapricha del último modelo. Se ha creado una sociedad necesitada de consumo para ejercer el control y la manipulación. Todo gira en torno a las grandes fortunas, reconocidas firmas de inversores y capitalistas que manejan el mercado del dinero.

Mientras se siga creando la necesidad a estos niveles, seguiremos en la ignorancia, comprometidos en objetivos y responsabilidades que absorben nuestro tiempo, que ahogan nuestro espacio vital, que nos restan felicidad, que alteran la fisiología orgánica, que perturban la educación, dirigiendo a la juventud a un abismo de autodestrucción, de caos, de violencia, de insatisfacción, lejos de cualquier sentido humano, solidario, o de autorrealización. ¿Dónde está el límite de la pirámide y quién lo marca? ¿Cuál es la evolución que nos espera, hacia dónde vamos?

Alumno:
Sí, la pirámide de Maslow habla de satisfacer las necesidades básicas de comida, techo, etc. después, más arriba, aceptación social y por último, autorrealización.

Ignacio:
¿Qué es la autorrealización? ¿Cómo podemos realizarnos en algún otro nivel que no sea el de la aceptación social, el de vivir en acuerdo en satisfacer las necesidades imperantes de este momento social? Nunca tenemos suficiente ¿Cómo descubrir otro sentido del existir? Llegamos a adultos, tal vez con 40 o 50 años, con cierta decepción, aburrimiento, desorden en nuestras vidas y ¿qué hacemos? Nada, porque ya no nos queda fuerza y porque nuestros hábitos están demasiado arraigados como para transformarlos. Claro que se puede intentar comprar un libro sobre desarrollo personal o espiritual, o asistir a algún curso de yoga, meditación, rebirthing, terapia de polaridad, constelaciones familiares, chamanismo, sanación, Reiki… y ¿Cuántas más cosas hay? Pero no conseguimos avanzar mucho más allá, romper esta sólida estructura, este modelo de vida, desarraigarnos de esta identidad tan ilusoria. Sí, tal vez, conseguimos modificar nuestro modo de mirar las cosas, lo cual ya es sanador, pero en muchos de los casos, al de poco tiempo, se vuelve a caer en desgracia si no se hace un verdadero intento por aceptar la salida a otra realidad menos aparente y superficial.

Son muchos los estudiantes que cada año pasan con el fin de prepararse, lograr algunos conocimientos y después, si es posible, facilitar la enseñanza del yoga, pero escasos son los que de verdad se involucran. A lo mucho solventan una pequeña etapa de su momento vital y después vuelven a sus mismas referencias y vidas para volver a ahogarse y, quién sabe si, al de unos años, regresen en busca del verdadero hogar. Otros casos son los de quienes buscan forjarse una profesión, sanar a otros, cambiar el mundo, autoafirmarse colgándose un cartel que dice: Yo soy sanador y soy un tipo espiritual que conecta fácilmente con las energías, ojo.

Debe existir un verdadero afán, un intenso amor, un objetivo que parta de la sinceridad, el corazón y el compromiso profundo para abrirse a la inmensidad de la vida, de la conciencia y por comprender qué soy; debe existir un verdadero deseo de transformación y compromiso para con lo más hermoso que uno es y para el logro del auténtico bienestar. Aun existiendo todo esto es fácil, atascarse, extraviarse, dejarse llevar por la inercia imperante y por la propia estructura personal que se resiste al cambio y a objetivos con verdadero contenido.

Sea lo que sea a lo que uno decida dedicarse en su vida debiera partir del fondo del corazón, de lo más profundo de nuestro espíritu, de nuestro ser. Decía Carlos Castaneda: todos los caminos llevan a ninguna parte, así que elige uno que tenga corazón. Yo más bien rizaría la frase diciendo: Aquel camino que elijas, sea tu camino, recíbelo, abrázalo, ponle todo tu amor, involúcrate en él y hazlo desde el corazón. No todo el mundo tiene que dedicarse al yoga, o a la sanación cuántica, o a la psicología transpersonal, eso es un error, porque ¿qué sería de los carpinteros, o de los albañiles, o de las personas del campo? Cada uno tiene su labor y todas las profesiones son dignas puesto que unos necesitamos de los otros, pero la gran diferencia está en la raíz de la cual parten nuestros objetivos, o propósitos, en la vida.

Debiera haber un objetivo prioritario cada mañana al levantarnos que fuese el de tomarnos un pequeño tiempo para nosotros, para recibir el día, agradecer cuanto tenemos y cuanto experimentamos, abrazar la vida que hemos elegido, sentir su caricia, su beso, su guiño, establecer una complicidad y tomar, entonces, conciencia del resto de objetivos que uno tiene previsto. De este modo afrontaríamos nuestras cosas con una energía y percepción muy distintas, muy positivas, no nos enfrentaríamos en la carretera por que tu vehículo adelanto al mío, o porque te has puesto delante de mí en la cola del supermercado cuando yo llevaba más tiempo esperando.

Pero estas cosas no son importantes ¿para qué perder el tiempo con ellas? Solo son tonterías, distracciones absurdas. Así que entonces no hay vínculo con la vida. Mis lazos con ella son ¿cuánto puedo ganar hoy?  Y ¿qué tengo que hacer para ello? Por lo que pasamos por delante de todo sin mirar las cosas, sin prestar atención, sin detenernos un instante, enfocados solo en el objetivo de obtener beneficios de algo, de alguien. De este modo no hay respeto a nada, porque tan siquiera uno se respeta así mismo. Arrasamos. Por donde pasamos, dejamos nuestra huella bien marcada, que se sepa he pasado yo. Así destruimos nuestro ecosistema, dañamos la tierra, ahogamos las culturas indígenas, antiguas, sus valores y su mensaje, para apropiarnos de todo creyendo que todo nos pertenece, pero la explotación masiva agota los recursos y dentro de poco no nos quedará donde vivir si en nuestros objetivos no hay puesta sinceridad, corazón, conciencia, alma, ser. Pero para eso debemos comprender y  aceptar que no somos otra cosa que tierra, aire, agua, luz, que no somos dinero, que estamos hechos de algo perecedero, de carne, de vísceras. Y como tal, como seres extraordinarios, dada la complejidad y el misterio que ocupa el cuerpo, que lo recorre, como habitantes temporales de este momento único, seres de conciencia en este planeta, nosotros somos la vida y lo que hacemos en ella, nos lo hacemos a nosotros, por lo que se precisa recuperar el vínculo, la conexión, la sincronicidad con el alma, con el ser, con el espíritu y debe ser cada día, debe haber una involucración completa, total, desde las uñas de los pies a las de las manos y desde el pelo más diminuto al más largo, todo nuestro yo debe estar comprometido con aquello que somos, que llevamos en la sangre. No podemos evitar lo que es obvio.

Pero lo mejor de todo es que, cuando actúo de este modo, me siento bien, me siento feliz, veo sentido y belleza allá donde todo era tierra árida.

Entonces la autorrealización se experimenta real cuando voy viviendo en mí estos valores, porque ellos son pertenencias del ser, del alma, de la identidad profunda en vez del yo aparente y ficticio.


LA VIBRACION DEL ESPIRITU

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