sábado, 25 de mayo de 2013


FRAGMENTO: EL UNIVERSO DE LA CELULA

Alumno:
¿Dónde queda el sonido primordial Om, en todo esto?

Ignacio;
Es esa energía dinámica, expansiva, primigenia, esa vibración inicial del espíritu, la espiral cuántica. Primero es luz, sumida en la oscuridad de la nada. El capricho de la luz es conocerse a sí misma, con lo cual, en un intento por salir del mar de la sombra, haciendo uso de su condensación espacial, genera un movimiento, una vibración de tal magnitud, que su onda expansiva alcanza los confines de lo desconocido e ilimitado generando el sonido Aum, o sonido primigenio.

El sonido, como energía inferior a la luz, está más cerca de la materia. La densidad luminosa, al ponerse en movimiento, crea la vibración y como consecuencia, el sonido. Cuando la intensidad luminosa disminuye, el sonido decae revelándose en materia. Primero ves el rayo y después se produce el trueno, que es la expansión de su vibración, finalmente, repercute en la materia. La energía de tus dedos utilizada para dar movimiento a las cuerdas de tu guitarra materializa el sonido y, al alternar sus distintas vibraciones, logras obtener la música que deseas. De la nada, obtienes sonidos y compones una canción a tu agrado. Ahí tienes la muestra. ¿Dónde reside el sonido de la guitarra? ¿En la guitarra, en las cuerdas, en el aire, en tus dedos? Todo es una consecuencia de nada.

Es increíble como la luz compactada, rápidamente se trasforma en sí misma en materia viva. Millones y millones y millones de diminutas partículas de energía, de luz, condensadas en materia. Partículas mensajeras, partículas de inteligencia, partículas del espíritu que vagaba en el inmenso océano de la nada.
Una disolución espacial de partículas establecen comunicación entre sí, generando asociaciones y reacciones moleculares y, de pronto, la energía se convierte en materia.

Del mismo modo los seres humanos creamos nuestra realidad. Por medio del pensamiento que es nada, damos nombres a las cosas, procesamos y asociamos los conceptos y ello, en sí mismo, compacta nuestro mundo, materializa el pensamiento y se hace posible nuestra existencia.

Por fin, multitud de bacterias y microorganismos, diminutos seres inteligentes procedentes de células viajeras en el tiempo y el espacio de lo desconocido, han encontrado un hogar donde crecer, experimentar y multiplicarse, donde ser importantes, donde dar forma al espíritu. ¿Veis lo maravilloso y sorprendente de tal proceso? Es ese el motivo por el cual lo material es espiritual y que todo obedezca al orden de la conciencia. De la conexión energética de tus padres, has nacido tú, pero ¿quién eres tú? Para ti, la materia es lo primero. Los cuerpos de tus padres vivieron una noche loca y luego llegaste a este mundo. Pero ¿qué sucedió antes que la materia fuese materia? En el cuerpo humano todo son reacciones nerviosas, eléctricas, químicas, partículas de energía definidas. Podemos descomponer nuestra materia a partículas, descomponer las partículas definidas y, más allá, no encontrar nada. Gracias a la unión de algunas de estas partículas moleculares de energía definida contenidas en un diminuto óvulo y en un diminuto espermatozoide, viniste a vivir esta experiencia maravillosa, única. Ahora fíjate cuanto has crecido y en lo que te has convertido.

Por eso las células y su química responden a lo que pensamos, a lo que sentimos, pues cada pensamiento, cada sentimiento, es energía con un componente celular invisible que podemos materializar. Las células son nuestros pensamientos, sentimientos, sensaciones, percepciones. Todo es un conjunto de la misma creación y similar composición. Estamos inmersos en una gran célula con un núcleo de información reactiva en su centro. Su onda expansiva desprende partículas informativas que generan reacciones similares y así sucesivamente hasta el final y, justo al final, de nuevo, comienza el cuento. El gran círculo expande círculos, quienes, a su vez, expanden círculos y cuando los círculos parecen haber desaparecido, se agrupan todos para crear el gran círculo. Así nunca escapa nada. Estructuras uniéndose a otras estructuras, creando un amplio catálogo de formas. Formas que se disuelven para, de nuevo, recrearse, componerse y unirse, creando nuevas y avanzadas formas, en una espiral infinita. Y eso es lo que pasa en nuestro organismo, en nuestra mente y en nuestra vida, cada día. Las células se componen, se descomponen y luego de nuevo se recomponen, en un proceso de evolución en espiral hasta alcanzar la madurez. A partir de la madurez se inicia el declive y, por último,  la disolución. El cuerpo muere pero, el principio que es, renace.

Las experiencias vitales cambian nuestros modos de pensar, dejamos el pasado y reconstruimos el futuro y, a la vez que estamos reconstruyendo el futuro, ya estamos cayendo en el pasado. Pero al final de nuestras vidas, supuestamente, hemos girado en una espiral de conocimiento, de evolución, hemos tomado lecciones y aprendido. Algunas habremos materializado, otras quedarán en el tintero, ¿tal vez para una próxima ocasión, en un nuevo cuerpo, con una nueva identidad? ¿Cuál es el fin de la historia?

Quizá ninguno. Quizá el propio juego por el juego, el avance por el avance, el ser por el ser. Unidad, integridad, nacimiento, fragmentación, experiencia, maduración, muerte, disolución, de nuevo unidad, integridad y así, en un movimiento incesante de  espiral evolutiva, tal vez hasta convertirnos en conciencia pura.

El mecanismo celular es el que hace a todo ser vivo sensible a las reacciones ambientales, energéticas y emocionales. Nuestras células son nuestro cerebro y nuestro cerebro es las células. Todo aquello que contiene células vivas en su interior reacciona a las energías de otro ser vivo. Las personas somos sensibles celularmente a la energía de las emociones, pero también los animales y las plantas. Dependiendo de lo que digo y, sobre todo, de cómo lo digo, es decir, de la intención que pongo al decir lo que digo, afecta de un modo u otro a la estructura molecular de las células.
Esto ya lo dejan claro las más recientes investigaciones científicas, o el Doctor Masaru Emoto con sus fotografías microscópicas de las estructuras moleculares del agua, demostrando su reacción a un tipo u otro de vibración, pero igualmente sucede con las plantas. ¿Quién no ha oído que reaccionan a la música, o a la actitud de la persona? Del mismo modo, se hacen pruebas con animales en granjas utilizando la música como medio catalizador. Esto no son cosas excepcionales, solo son cosas que se están dando a conocer ahora, científicamente.

El universo celular es aún un mundo muy desconocido en el que, constantemente, surgen descubrimientos nuevos con respecto a sus múltiples e infinitas posibilidades. Si yo utilizo una música agradable, relajante, introspectiva, inmediatamente, mi estado de ánimo se armoniza y entro en una fase de ondas cerebrales conocida como fase alfa. Si utilizo una música estridente, todo mi organismo se altera y mis ondas cerebrales modifican su ciclo de emisión. Como suele decirse: la música amansa las fieras, pero ¿por qué? ¿Por qué sucede esto? Es bien simple, porque mis células son seres vivos, sensibles e inteligentes que reaccionan y cambian su estructura continuamente. Cuando estoy en contacto con la naturaleza se produce una armonía en mi interior.

En cuanto llega el fin de semana, las personas huimos de la ciudad en busca del aire sano, la expansión visual, el contacto con lo natural; porque la vibración armónica que emite lo natural y el aire que absorbemos, depura la energía estancada y viciada de las ciudades, equilibra las estructuras moleculares de nuestras células. No es una leyenda la que se cuenta acerca de nuestros abuelos o bisabuelos, que disponían de su casita en el campo, se ocupaban de la huerta, del ganado, trabajan de sol a sol y con pocos medios, pero, sin embargo, vivían muchos más años y con mejor salud que ahora.
Se dice que la tasa de años de vida ha aumentado en el último siglo, pero antes no existían residencias para ancianos, no estaban los hospitales abarrotados de personas, la gente no padecía de las enfermedades mentales que ahora se padece, ya que se vivía en un entorno más armónico, más rico, un entorno natural.

Somos sensibles a los ritmos de la naturaleza y del cosmos. La luna afecta las mareas. El buen desarrollo de una cosecha depende del momento astral y lunar de la siembra, además del terreno, el compost, el clima, el agua y las atenciones necesarias.

La célula es el comienzo y el desarrollo de la vida. En el ser humano la célula ha alcanzado un grado de evolución distinta al alcanzado en los animales y las plantas, pero es el mismo universo celular con algunas variantes en los comportamientos. Entender esto significa respetar y amar las otras formas de vida, e iniciar una comunicación distinta con la salud, el cuerpo y las emociones; significa tomar conciencia de la importancia y repercusión que tiene cuanto pienso, cuanto siento, aquello en lo que creo, en lo que me enfoco, lo que me digo a mí mismo/ma. Pero tomar conciencia en un sentido circular, es decir, sabiendo que, lo que estoy pensando está generando lo que estoy sintiendo y, lo que estoy sintiendo, está generando lo que estoy pensando, con lo cual, mis células, reaccionan por igual a lo que pienso que a lo que siento y las actitudes y comportamientos rutinarios que las personas tenemos, establecen comportamientos rutinarios celulares y, a su vez, el comportamiento rutinario celular, ancla la actitud rutinaria de la persona.

Mi mente son células, las células son mi mente y entre medio hay un espacio de vacío: la nada y la nada es energía y esa energía que llena el espacio de la nada es inteligencia, conciencia y eso es la realidad intrínseca de lo que soy.
 
Alumno:
Recuerdo realizando una relajación que tuve la sensación de ser árbol, de ser nube, de ser aire, fue algo sensacional, en ese momento, realmente no sentía división, sentía convertirme en cada cosa en la que enfocaba mi atención.

Ignacio:
Bienvenida al mundo de las posibilidades. Somos seres modificables, nuestra conciencia es pura energía y, como pura energía, se adapta a las múltiples formas existentes o imaginarias, por ello debemos considerarnos como seres de infinitas posibilidades y explotar tal recurso acomodado en el interior del cerebro.

Es preciso avanzar en nuestros criterios, romper el molde de lo subjetivo, crear nuevas posibilidades acerca de uno/a mismo/ma.

Cada vez que pienso en mí como un ser inferior, cada vez que necesito un jefe, un líder, cada vez que considero al mundo, a los demás como personas, como seres mejores que yo, cada vez que me enfoco en lo mal que todo funciona, en lo asco de este sistema, en la dificultad para abonar todas las facturas que me he generado, cada vez que repudio la vida, que establezco diferencias de población, de ciudad, de país, de raza, de sexo, cada vez que pienso en frustración, sufrimiento, dolor, enfermedad, pobreza, caos, me muevo en estos antiguos criterios, me sumerjo en el mundo de la decepción y la imposibilidad, en el mundo de lo mío, alejándome de esa realidad intrínseca que soy. Esto sucede en muchos círculos de crecimiento espiritual, incluido los de estudiantes de Yoga.

Empiezan a experimentar rechazo, discriminación por todo lo que consideran va mal, el mundo es decepcionante, no hay conciencia espiritual, se mata excesivamente animales, etc. y entonces empiezo a creerme como un ser distinto, más sensible, el raro, el vegetariano, el antisocial, alejándome, en cierto modo, de la familia, de la sociedad, del loco mundo, pero, al hacerlo así, establezco diferencias, reduzco las posibilidades y me alejo de la esencia, de la totalidad que soy. Así que cuidado, es importante diferenciar adecuadamente no haciendo a nada, ni a nadie, de menos, aunque no comulguen con mi modo de ver la vida, o el mundo. Yo soy pura posibilidad, soy un ser creativo, constructivo, lo que significa enfocarse en lo positivo, en lo posible y no en lo imposible.

La razón es importante, es lo que me permite discernir, diferenciar, optar por otras posibilidades, alcanzar otros mundos, pero, al mismo tiempo, si no se la da el uso adecuado, se convierte en mi peor enemigo, puesto que puedo distorsionar la realidad concreta, cuanto sea capaz de imaginar. Puedo creer que todo el mundo me hace daño, que todo va en contra de mí, que todo lo peor me sucede a mí. Puedo racionalizar tanto todo que acabo sacando las cosas de quicio. Es fundamental que acople cada parte de mí en el lugar que corresponde. Mis manos no están hechas para caminar, aunque si me lo propongo seguro podría caminar con ellas durante algunos metros. Tampoco puedo oír con mis ojos, ni ver con mis orejas y mis dientes están creados para la masticación, aunque con la fuerza de ellos podría, tal vez, arrastrar un camión. Del mismo modo, la razón, está creada para el discernimiento, y la imaginación para la creación, y la intuición para abrir el mundo de infinitas posibilidades a mi alcance. Así que primero debo intuir, después utilizar mi imaginación y por último razonar acerca de ello y todo debe ser un conjunto bien sincronizado, equilibrado para explorar y explotar adecuadamente cuanto soy y cuanto es. Pero utilizo la imaginación y la razón de modo poco práctico; en muchos casos para hacerme daño y hacérselo a otros seres, negando cuanto soy.

El cerebro es algo increíble, el pensamiento, es algo increíble, las células son algo increíble, el universo es algo increíble, yo soy algo increíble, excepcional. Mi sistema nervioso es algo excepcional, la química que producen mis glándulas es algo excepcional. Cada pensamiento es un estímulo nervioso, cada estímulo nervioso pone a funcionar mi sistema glandular y cada asociación de pensamiento crea conexiones entre las neuronas y establecen circuitos de memoria que me permiten crear, establecer nuevas carreteras y circunvalaciones de aprendizaje para proceder más allá de lo establecido. Pero, para que todo funcione como la maquinaria extraordinaria y perfecta que soy, es preciso operar desde la tranquilidad. Debo generar ondas armónicas, moverme en la armonía, estar en armonía con mis pensamientos, con mi espíritu, con mí ser, con mi conciencia, con las personas, con el mundo. Y para que sea ello una realidad debe existir en mí una inquietud continua por modificar mis modelos de pensamiento, por descubrir el modo de ampliar la comunicación con mi universo interior-exterior, con el ser creador e infinito que soy, con la conciencia-inteligencia que es en todo.


LA VIBRACION DEL ESPIRITU

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