sábado, 25 de mayo de 2013

 


La vibración del Espíritu es un libro inspirador que nos acerca a nuestra realidad más profunda, a nuestro yo más íntimo, que nos toca el corazón y el alma, para recordarnos que existe en nosotros un lugar de paz y plenitud.

Es un libro
INSPIRADO EN EL YOGA, LA MEDITACIÓN, LA FILOSOFIA ORIENTAL, LA PSICOLOGIA OCCIDENTAL, LA FÍSICA CUANTICA, PERO SOBRE TODO EN LA EXPERIENCIA VIVIDA DEL PROPIO AUTOR.

La vibración del espíritu es un libro cargado de conocimiento y amor, claro y sin concesiones. Es un libro trasformador que te invita a captar la vida en toda su inmensidad, que te ayudará a verte y comprenderte como un ser total y creador, capaz de vivir una vida de plenitud y felicidad 

Con el lenguaje sencillo, sin retóricas, propio de quien habla desde su experiencia, la vibración del espíritu te engancha de principio a fin. Hallarás respuestas a tus preguntas más profundas: ¿Quién soy, qué es la vida, por qué me suceden las cosas que me suceden, qué sentido tiene todo cuanto vivo, cuál es mi relación con el universo, cómo puedo sentirme, cada día, más yo, más pleno, más libre, más feliz, más total?

Ignacio Fernández Delgado (Nacho) desde muy joven siente una gran inquietud espiritual que le lleva a concebir la realidad que vivimos con ciertos desacuerdos. Con 16 años sufre una experiencia traumática que cambiaría por completo su vida. Desde ese momento comienza a interesarse e involucrarse en el estudio de la parasicología, la hipnosis, la psicología y la filosofía, en un intento imparable por conocer, en profundidad, la naturaleza del sufrimiento y de la conciencia humana. Así llegaría al Zen, el Yoga y otras disciplinas orientales.

Bebe de fuentes de destacados maestros que le sirven de referencia para trazar su dirección: Daisetz Teitaro Suzuki, K. G.Dürkheim, Antonio Blay, J. Krishnamurti y Nisargadatta Maharaj, siendo este último quien más le impacte, provocando, a sus 25 años, su gran despertar. A partir de ese momento comenzó, dice, su verdadero camino iniciático donde ha continuado experimentando, formándose y nutriéndose de múltiples fuentes de conocimiento.

Con 35 años decidió  que era el momento de poner en práctica y difundir sus conocimientos. Así funda el centro de salud integral Atman, donde comienza a facilitar clases de yoga y meditación, formándose, al tiempo, en medicina natural, medicina tradicional China y otras terapias alternativas.

En la actualidad dirige el Centro de Yoga y Salud Natural Alba, donde proporciona clases de yoga, meditación y cursos de formación especializa para futuros divulgadores del Yoga y la Meditación. Ha sido de diferentes conferencias, aportadas en estos cursos, de donde se ha extraído y adaptado la información que ha servido para la creación de este libro.



Copyright © 2012 por Ignacio (Nacho) F. Delgado.
Número de Control de la Biblioteca del Congreso de EE. UU.: PENDING
ISBN: Tapa Dura 978-1-4633-2180-2
Tapa Blanda 978-1-4633-2182-6
Libro Electrónico 978-1-4633-2181-9
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida
o transmitida de cualquier forma o por cualquier medio, electrónico o mecánico,
incluyendo fotocopia, grabación, o por cualquier sistema de almacenamiento y
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Las opiniones expresadas en este trabajo son exclusivas del autor y no reflejan
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Este Libro fue impreso en los Estados Unidos de América.
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ÍNDICE
AGRADECIMIENTOS............................................................7
INTRODUCCIÓN....................................................................9
EL UNIVERSO DE LA CELULA
(SEMINARIO ALBA ABRIL 2010).................................18
EL PODER DE LA ORACIÓN.............................................62
UNIVERSO Y CONCIENCIA...............................................87
¿POR QUÉ ENFERMAMOS?
(SEMINARIO DE YOGA JUNIO 2010).........................96
LA ESTRUCTURA DE LA PERSONALIDAD
(SEMINARIO YOGA OCTUBRE 2010
PARTE PRIMERA).........................................................125
LA ESTRUCTURA DE LA PERSONALIDAD
(SEGUNDA PARTE)......................................................149
LA ESTRUCTURA DE LA PERSONALIDAD
3ª PARTE..........................................................................170
LA NO MENTE (CONFERENCIA ESCUELA
ALBA OCTUBRE 2010).................................................188
PARA CONTACTOS CON EL AUTOR:
natxo@hotmail.es
www.albayoga.com


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FRAGMENTO: EL UNIVERSO DE LA CELULA

Alumno:
¿Dónde queda el sonido primordial Om, en todo esto?

Ignacio;
Es esa energía dinámica, expansiva, primigenia, esa vibración inicial del espíritu, la espiral cuántica. Primero es luz, sumida en la oscuridad de la nada. El capricho de la luz es conocerse a sí misma, con lo cual, en un intento por salir del mar de la sombra, haciendo uso de su condensación espacial, genera un movimiento, una vibración de tal magnitud, que su onda expansiva alcanza los confines de lo desconocido e ilimitado generando el sonido Aum, o sonido primigenio.

El sonido, como energía inferior a la luz, está más cerca de la materia. La densidad luminosa, al ponerse en movimiento, crea la vibración y como consecuencia, el sonido. Cuando la intensidad luminosa disminuye, el sonido decae revelándose en materia. Primero ves el rayo y después se produce el trueno, que es la expansión de su vibración, finalmente, repercute en la materia. La energía de tus dedos utilizada para dar movimiento a las cuerdas de tu guitarra materializa el sonido y, al alternar sus distintas vibraciones, logras obtener la música que deseas. De la nada, obtienes sonidos y compones una canción a tu agrado. Ahí tienes la muestra. ¿Dónde reside el sonido de la guitarra? ¿En la guitarra, en las cuerdas, en el aire, en tus dedos? Todo es una consecuencia de nada.

Es increíble como la luz compactada, rápidamente se trasforma en sí misma en materia viva. Millones y millones y millones de diminutas partículas de energía, de luz, condensadas en materia. Partículas mensajeras, partículas de inteligencia, partículas del espíritu que vagaba en el inmenso océano de la nada.
Una disolución espacial de partículas establecen comunicación entre sí, generando asociaciones y reacciones moleculares y, de pronto, la energía se convierte en materia.

Del mismo modo los seres humanos creamos nuestra realidad. Por medio del pensamiento que es nada, damos nombres a las cosas, procesamos y asociamos los conceptos y ello, en sí mismo, compacta nuestro mundo, materializa el pensamiento y se hace posible nuestra existencia.

Por fin, multitud de bacterias y microorganismos, diminutos seres inteligentes procedentes de células viajeras en el tiempo y el espacio de lo desconocido, han encontrado un hogar donde crecer, experimentar y multiplicarse, donde ser importantes, donde dar forma al espíritu. ¿Veis lo maravilloso y sorprendente de tal proceso? Es ese el motivo por el cual lo material es espiritual y que todo obedezca al orden de la conciencia. De la conexión energética de tus padres, has nacido tú, pero ¿quién eres tú? Para ti, la materia es lo primero. Los cuerpos de tus padres vivieron una noche loca y luego llegaste a este mundo. Pero ¿qué sucedió antes que la materia fuese materia? En el cuerpo humano todo son reacciones nerviosas, eléctricas, químicas, partículas de energía definidas. Podemos descomponer nuestra materia a partículas, descomponer las partículas definidas y, más allá, no encontrar nada. Gracias a la unión de algunas de estas partículas moleculares de energía definida contenidas en un diminuto óvulo y en un diminuto espermatozoide, viniste a vivir esta experiencia maravillosa, única. Ahora fíjate cuanto has crecido y en lo que te has convertido.

Por eso las células y su química responden a lo que pensamos, a lo que sentimos, pues cada pensamiento, cada sentimiento, es energía con un componente celular invisible que podemos materializar. Las células son nuestros pensamientos, sentimientos, sensaciones, percepciones. Todo es un conjunto de la misma creación y similar composición. Estamos inmersos en una gran célula con un núcleo de información reactiva en su centro. Su onda expansiva desprende partículas informativas que generan reacciones similares y así sucesivamente hasta el final y, justo al final, de nuevo, comienza el cuento. El gran círculo expande círculos, quienes, a su vez, expanden círculos y cuando los círculos parecen haber desaparecido, se agrupan todos para crear el gran círculo. Así nunca escapa nada. Estructuras uniéndose a otras estructuras, creando un amplio catálogo de formas. Formas que se disuelven para, de nuevo, recrearse, componerse y unirse, creando nuevas y avanzadas formas, en una espiral infinita. Y eso es lo que pasa en nuestro organismo, en nuestra mente y en nuestra vida, cada día. Las células se componen, se descomponen y luego de nuevo se recomponen, en un proceso de evolución en espiral hasta alcanzar la madurez. A partir de la madurez se inicia el declive y, por último,  la disolución. El cuerpo muere pero, el principio que es, renace.

Las experiencias vitales cambian nuestros modos de pensar, dejamos el pasado y reconstruimos el futuro y, a la vez que estamos reconstruyendo el futuro, ya estamos cayendo en el pasado. Pero al final de nuestras vidas, supuestamente, hemos girado en una espiral de conocimiento, de evolución, hemos tomado lecciones y aprendido. Algunas habremos materializado, otras quedarán en el tintero, ¿tal vez para una próxima ocasión, en un nuevo cuerpo, con una nueva identidad? ¿Cuál es el fin de la historia?

Quizá ninguno. Quizá el propio juego por el juego, el avance por el avance, el ser por el ser. Unidad, integridad, nacimiento, fragmentación, experiencia, maduración, muerte, disolución, de nuevo unidad, integridad y así, en un movimiento incesante de  espiral evolutiva, tal vez hasta convertirnos en conciencia pura.

El mecanismo celular es el que hace a todo ser vivo sensible a las reacciones ambientales, energéticas y emocionales. Nuestras células son nuestro cerebro y nuestro cerebro es las células. Todo aquello que contiene células vivas en su interior reacciona a las energías de otro ser vivo. Las personas somos sensibles celularmente a la energía de las emociones, pero también los animales y las plantas. Dependiendo de lo que digo y, sobre todo, de cómo lo digo, es decir, de la intención que pongo al decir lo que digo, afecta de un modo u otro a la estructura molecular de las células.
Esto ya lo dejan claro las más recientes investigaciones científicas, o el Doctor Masaru Emoto con sus fotografías microscópicas de las estructuras moleculares del agua, demostrando su reacción a un tipo u otro de vibración, pero igualmente sucede con las plantas. ¿Quién no ha oído que reaccionan a la música, o a la actitud de la persona? Del mismo modo, se hacen pruebas con animales en granjas utilizando la música como medio catalizador. Esto no son cosas excepcionales, solo son cosas que se están dando a conocer ahora, científicamente.

El universo celular es aún un mundo muy desconocido en el que, constantemente, surgen descubrimientos nuevos con respecto a sus múltiples e infinitas posibilidades. Si yo utilizo una música agradable, relajante, introspectiva, inmediatamente, mi estado de ánimo se armoniza y entro en una fase de ondas cerebrales conocida como fase alfa. Si utilizo una música estridente, todo mi organismo se altera y mis ondas cerebrales modifican su ciclo de emisión. Como suele decirse: la música amansa las fieras, pero ¿por qué? ¿Por qué sucede esto? Es bien simple, porque mis células son seres vivos, sensibles e inteligentes que reaccionan y cambian su estructura continuamente. Cuando estoy en contacto con la naturaleza se produce una armonía en mi interior.

En cuanto llega el fin de semana, las personas huimos de la ciudad en busca del aire sano, la expansión visual, el contacto con lo natural; porque la vibración armónica que emite lo natural y el aire que absorbemos, depura la energía estancada y viciada de las ciudades, equilibra las estructuras moleculares de nuestras células. No es una leyenda la que se cuenta acerca de nuestros abuelos o bisabuelos, que disponían de su casita en el campo, se ocupaban de la huerta, del ganado, trabajan de sol a sol y con pocos medios, pero, sin embargo, vivían muchos más años y con mejor salud que ahora.
Se dice que la tasa de años de vida ha aumentado en el último siglo, pero antes no existían residencias para ancianos, no estaban los hospitales abarrotados de personas, la gente no padecía de las enfermedades mentales que ahora se padece, ya que se vivía en un entorno más armónico, más rico, un entorno natural.

Somos sensibles a los ritmos de la naturaleza y del cosmos. La luna afecta las mareas. El buen desarrollo de una cosecha depende del momento astral y lunar de la siembra, además del terreno, el compost, el clima, el agua y las atenciones necesarias.

La célula es el comienzo y el desarrollo de la vida. En el ser humano la célula ha alcanzado un grado de evolución distinta al alcanzado en los animales y las plantas, pero es el mismo universo celular con algunas variantes en los comportamientos. Entender esto significa respetar y amar las otras formas de vida, e iniciar una comunicación distinta con la salud, el cuerpo y las emociones; significa tomar conciencia de la importancia y repercusión que tiene cuanto pienso, cuanto siento, aquello en lo que creo, en lo que me enfoco, lo que me digo a mí mismo/ma. Pero tomar conciencia en un sentido circular, es decir, sabiendo que, lo que estoy pensando está generando lo que estoy sintiendo y, lo que estoy sintiendo, está generando lo que estoy pensando, con lo cual, mis células, reaccionan por igual a lo que pienso que a lo que siento y las actitudes y comportamientos rutinarios que las personas tenemos, establecen comportamientos rutinarios celulares y, a su vez, el comportamiento rutinario celular, ancla la actitud rutinaria de la persona.

Mi mente son células, las células son mi mente y entre medio hay un espacio de vacío: la nada y la nada es energía y esa energía que llena el espacio de la nada es inteligencia, conciencia y eso es la realidad intrínseca de lo que soy.
 
Alumno:
Recuerdo realizando una relajación que tuve la sensación de ser árbol, de ser nube, de ser aire, fue algo sensacional, en ese momento, realmente no sentía división, sentía convertirme en cada cosa en la que enfocaba mi atención.

Ignacio:
Bienvenida al mundo de las posibilidades. Somos seres modificables, nuestra conciencia es pura energía y, como pura energía, se adapta a las múltiples formas existentes o imaginarias, por ello debemos considerarnos como seres de infinitas posibilidades y explotar tal recurso acomodado en el interior del cerebro.

Es preciso avanzar en nuestros criterios, romper el molde de lo subjetivo, crear nuevas posibilidades acerca de uno/a mismo/ma.

Cada vez que pienso en mí como un ser inferior, cada vez que necesito un jefe, un líder, cada vez que considero al mundo, a los demás como personas, como seres mejores que yo, cada vez que me enfoco en lo mal que todo funciona, en lo asco de este sistema, en la dificultad para abonar todas las facturas que me he generado, cada vez que repudio la vida, que establezco diferencias de población, de ciudad, de país, de raza, de sexo, cada vez que pienso en frustración, sufrimiento, dolor, enfermedad, pobreza, caos, me muevo en estos antiguos criterios, me sumerjo en el mundo de la decepción y la imposibilidad, en el mundo de lo mío, alejándome de esa realidad intrínseca que soy. Esto sucede en muchos círculos de crecimiento espiritual, incluido los de estudiantes de Yoga.

Empiezan a experimentar rechazo, discriminación por todo lo que consideran va mal, el mundo es decepcionante, no hay conciencia espiritual, se mata excesivamente animales, etc. y entonces empiezo a creerme como un ser distinto, más sensible, el raro, el vegetariano, el antisocial, alejándome, en cierto modo, de la familia, de la sociedad, del loco mundo, pero, al hacerlo así, establezco diferencias, reduzco las posibilidades y me alejo de la esencia, de la totalidad que soy. Así que cuidado, es importante diferenciar adecuadamente no haciendo a nada, ni a nadie, de menos, aunque no comulguen con mi modo de ver la vida, o el mundo. Yo soy pura posibilidad, soy un ser creativo, constructivo, lo que significa enfocarse en lo positivo, en lo posible y no en lo imposible.

La razón es importante, es lo que me permite discernir, diferenciar, optar por otras posibilidades, alcanzar otros mundos, pero, al mismo tiempo, si no se la da el uso adecuado, se convierte en mi peor enemigo, puesto que puedo distorsionar la realidad concreta, cuanto sea capaz de imaginar. Puedo creer que todo el mundo me hace daño, que todo va en contra de mí, que todo lo peor me sucede a mí. Puedo racionalizar tanto todo que acabo sacando las cosas de quicio. Es fundamental que acople cada parte de mí en el lugar que corresponde. Mis manos no están hechas para caminar, aunque si me lo propongo seguro podría caminar con ellas durante algunos metros. Tampoco puedo oír con mis ojos, ni ver con mis orejas y mis dientes están creados para la masticación, aunque con la fuerza de ellos podría, tal vez, arrastrar un camión. Del mismo modo, la razón, está creada para el discernimiento, y la imaginación para la creación, y la intuición para abrir el mundo de infinitas posibilidades a mi alcance. Así que primero debo intuir, después utilizar mi imaginación y por último razonar acerca de ello y todo debe ser un conjunto bien sincronizado, equilibrado para explorar y explotar adecuadamente cuanto soy y cuanto es. Pero utilizo la imaginación y la razón de modo poco práctico; en muchos casos para hacerme daño y hacérselo a otros seres, negando cuanto soy.

El cerebro es algo increíble, el pensamiento, es algo increíble, las células son algo increíble, el universo es algo increíble, yo soy algo increíble, excepcional. Mi sistema nervioso es algo excepcional, la química que producen mis glándulas es algo excepcional. Cada pensamiento es un estímulo nervioso, cada estímulo nervioso pone a funcionar mi sistema glandular y cada asociación de pensamiento crea conexiones entre las neuronas y establecen circuitos de memoria que me permiten crear, establecer nuevas carreteras y circunvalaciones de aprendizaje para proceder más allá de lo establecido. Pero, para que todo funcione como la maquinaria extraordinaria y perfecta que soy, es preciso operar desde la tranquilidad. Debo generar ondas armónicas, moverme en la armonía, estar en armonía con mis pensamientos, con mi espíritu, con mí ser, con mi conciencia, con las personas, con el mundo. Y para que sea ello una realidad debe existir en mí una inquietud continua por modificar mis modelos de pensamiento, por descubrir el modo de ampliar la comunicación con mi universo interior-exterior, con el ser creador e infinito que soy, con la conciencia-inteligencia que es en todo.


LA VIBRACION DEL ESPIRITU

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FRAGMENTO: EL PODER DE LA ORACIÓN

Ignacio:
La oración es un sentimiento profundo que tiene el poder de modificar nuestra existencia caótica, por una existencia de plenitud y bienestar. Pero no la oración tal y como normalmente es entendida, o como se nos ha enseñado como sistema de adoración a un ser superior al que sugerimos nos envié desde el cielo aquello que pedimos, o sentimos necesitar. Si no, como vínculo de acercamiento, de estrechamiento, de conexión al silencio que todo lo llena y a la paz que hay en el corazón puro. La oración nos acerca a la realidad intrínseca de nosotros mismos, nos pone en contacto con nuestro ser más profundo y establece los lazos precisos para una vida prospera y feliz. Con la oración nos anclamos en nuestro núcleo de autenticidad y atraemos hacia nosotros cuanto precisamos para nuestro gozo. Configuramos nuestra fuerza inspiradora, creativa, constructiva, con las fuerzas de la naturaleza y del cosmos y con nuestros anhelos más profundos. Así que, la oración, es el poder que facilita la comunión con la plena expresión de la existencia.

La oración existe por sí misma, es algo que es y, lo único que debemos hacer, es sintonizarnos con este algo que es. La vida está en continua, en constante, oración. La vida es en sí, oración.

Cuando voy paseando por el campo y la mente y los sentidos están receptivos, sensibles a captar la multitud de aromas que se mezclan en el aíre que respiro, el color del cielo, la tierra que piso, las numerosas formas y universos que conviven en un pequeño espacio del bosque, entre unas simples hierbas, puedo sentir que cada paso que doy es sagrado. Cuando mis ojos y mi corazón están abiertos a la inmensa belleza que nos rodea, a la magnitud del indescriptible misterio en el que estamos inmersos, sobre el que caminamos cada día, en ese preciso instante en que el esplendor de todo me sobrepasa, en tal increíble momento en que me rindo al silencio en el que, los nombres, el tiempo y el espacio se disuelven, puedo experimentar la gran paz, la gran calma, la infinita oración que está teniendo lugar.

Claro que si miro los horrores que hay a mi alrededor, la miseria en que viven muchos niños, los malos tratos que reciben estos niños y mujeres en todo el mundo, el hambre que asola muchos poblados de India, África, Asía, Latino América y algunos lugares de Europa, entonces puedo cuestionarme dónde queda la oración, dónde está la belleza, lo inmenso y lo sagrado. Realmente, para todo esto no encuentro respuestas y mi corazón se estremece por la atrocidad y falta de hermandad y solidaridad del ser humano. Entonces contemplo el mundo como un lugar de bestias y depredadores, claro que si. Pero los horrores no son el alma y la esencia de la vida, solo son la perturbación de las conciencias en la búsqueda de sí. Y, al quitar la máscara humana, vuelvo a ver, seres confusos, almas perdidas, impotentes muchas de ellas, sumidas en la oscuridad de sus instintos y razonamientos, incapaces de mirar más allá de su ombligo, y al fondo de sus vulgares vidas, tras el velo de su ignorancia, de nuevo puedo ver lo bello y lo sacro de ellos mismos, que ellos mismos no contemplan. Recuerdo que un día fueron niños y por tanto inocentes, pero tal vez fueron víctimas, tal vez fueron torturados por sus educadores, tal vez no fueron nunca abrazados, o no tuvieron la ocasión de mostrarlos un mundo de oración y belleza. Quizá nunca fueron queridos, deseados, apoyados, valorados, calentados, apreciados, escuchados, mimados, consolados, quizá fueron despreciados, desoídos, violentados, reprimidos, discriminados, golpeados, torturados, mal criados, o nunca les mostraron afecto, comprensión, entendimiento, perdón, amor y, a su vez, sus padres y los padres de sus padres, vivieron horrores similares y la rueda continúe durante algunos siglos más.

Pero si soy un ser humano, medianamente normal, que convive en un entorno, digamos, favorable; claro, con mis cosas, mis creencias, mis criterios, mis vivencias, mis experiencias, mis momentos de sensibilidad, de concienciación de lo que ocurre a mi alrededor y en mí; si soy de este tipo de persona, capaz de detenerme un instante, dejar mis problemas personales a un lado y abrir los ojos para contemplar, no puedo negar que está sucediendo algo maravilloso, algo extraordinario, que me sobrepasa, algo que, al intentar atraparlo, se me escapa, se desliza ante mi dejando una estela de misterio y de amor a un mismo tiempo, ante la fuerza, la energía y el poder tan inmenso que todo lo envuelve.

Instantes de silencio

Respira conmigo este momento, siéntelo ahora tal y como te lo estoy contando. Hay tanta plenitud en todo, hay tanto amor en este aíre que respiramos, en este cuerpo que sentimos, en estos ojos que miran, en estas manos que tocan y sienten, hay tanta belleza por todas partes, siento ahora tanto calor en mi interior que ¿acaso no es ello una oración en sí mismo? ¿Cómo podemos negar tal evidencia?

Nos horrorizamos ante lo que no es como pensamos, creemos, o sentimos que debiera ser. Vivimos siempre de modo forzado, al límite, en muchos casos, de nuestra energía y de nuestra capacidad intelectual, así que logramos sentirnos impotentes y conseguimos enfermar. Siempre llevando nuestra vida y nuestras cosas al extremo, hasta que ya no podemos más, entonces tiramos la toalla, o montamos en cólera destruyendo cuanto tenemos delante. La vida se nos desmorona, se nos escapa de las manos, nos alejamos de nuestro centro, de nuestra naturaleza, de nuestro verdadero ser, caemos en nuestra propia trampa, la de una humanidad cegada por las apariencias, el culto a la identidad, al cuerpo, al yo soy, al nombre, las formas y lo psicológico.  Construimos castillos en la arena. Nuestros sueños suelen carecer de alma, de sustancia espiritual, ausentes de oración, de principio y de propósitos con sentimiento y corazón. Así que el temor y la incertidumbre nos invaden a diario. El miedo constante a la perdida, a lo que consideramos nos pertenece, nos aleja de nuestro poder sustentador y de nuestro auténtico yo. Entonces la belleza y el verdadero significado de la existencia trascurren como espejismos en nuestras vidas, sumidas en el caos de la preocupación, por lo que difícilmente encontramos un espacio para nosotros mismos, un tiempo para tomar aire, respirar profundo y sentir cuanta maravilla, cuanto amor  nos envuelve, nos abraza en cada instante. La vida toca nuestra puerta cada mañana, viene a darnos los buenos días, a regalarnos una canción, a entregarnos una promesa de luz, a contentar el corazón, pero no oímos el toc, toc, o entreabrimos y cerramos rápidamente diciendo: no, lo siento, no quiero nada, ahora no tengo tiempo para atenderla, tengo mucho que hacer, quizá en otro momento. Pasan los días, los años, la adolescencia, la juventud y llega la vejez, el momento de hacer recuento y entonces uno está muy cansado, muy desgastado, muy habituado y consolidado en sus estructuras, con el corazón desecado, triste, lánguido, porque la vida, piensa, no le ha dado lo que ha querido, o solo ha sido correspondido en parte. Entonces surge la respuesta a la pregunta ¿qué es la vida? Un asco.

En otros casos hay una negación rotunda de cualquier cosa que resuene como espiritual, con algo que no sea tangible; el mundo es puramente subjetivo y nada existe más allá, o, si algo hay, no me interesa, no lo quiero saber.

Pero si tus sucesos diarios te hacen dudar de la realidad que vives como verdad y decides tomar el tiempo en tus manos, en vez de depender de él y entonces te detienes a sentir y, en tal acto, escuchas el viento, respiras los aromas que hay en el aíre, tomas conciencia de lo que tus pies pisan, de lo que hay bajo ellos, observas el colorido, la sensibilidad y belleza extraordinaria de una flor, la fascinante expresión de la naturaleza; si te dejas inspirar por el canto de los pájaros, meditas al amanecer y al atardecer, entonces comienzas a construir, a componer tu canción, tu poema, tu rima con la vida; creas pequeños agujeros por donde pasa la energía y la luz de nuestro ser profundo y del sentido de vivir; estás dando una nueva orientación a tu destino y criterios vitales, estás comenzando a vivir en oración.

Tal y como yo lo siento y vivo, cuando comienza el día, a ser posible, antes de la salida del sol, o justo al despuntar, en ese momento especial tomo mi tiempo para estar conmigo y sentir el inicio del nuevo día, una nueva experiencia, una nueva oportunidad, un día más de aprendizaje, de diversión, de disfrute, un día más para compartir con todo, para sentirme unido a todo. En ese momento tomo conciencia del silencio y en instantes siento la paz y el amor que todo lo envuelve, siento la caricia de la creación, más grande que nada, más importante que yo mismo, siento la inspiración, el aliento vital que se mueve a través de todo y todo me parece extraordinario; en ese preciso instante perdono todos mis errores, me libero de  mis propias condenas, de cualquier carga emocional, puesto que siento una gran compasión, una gran comprensión y entendimiento hacia cuantas cosas vivo, incluido mis justificaciones, mis trampas psicológicas, mis incapacidades para vivir en plenitud y armonía conmigo mismo, con aquello que hago, o a lo que me dedico, con las personas cercanas de mi vida, o con aquellas a las cuales desconozco pero que me rozo, con lo que me gusta y lo que me disgusta. En ese momento abrazo todo, puesto que siento que todo es parte de mí, que todo es mi propio reflejo y que son las cosas que consciente, o inconscientemente, elijo vivir. Entiendo que no soy un ser perfecto ya que tengo una mente compleja, a veces confusa, demasiados datos, demasiadas interferencias, demasiados conceptos y códigos de los que muchas veces dudo y ¿quién tiene la verdad? ¿Dónde está, dónde se encuentra? ¿Quién sabe qué es y por qué, lo correcto? ¿Cuál es el motivo de tener una mente y cómo puedo hacer para no enloquecer? Y me doy cuenta que mi mente es la mente de Dios y que la mente de Dios es entonces una mente extraordinaria que avanza en medio del conflicto y el caos, en medio de la confusión y el sin sentido, en medio de la oscuridad, hacia su luz, hacia su expansión, hacia la integración en su sí mismo, hacia su gran paz. Y al observar esto siento una profunda liberación, puesto que comprendo que nadie es culpable, o todos lo somos al tiempo. Entonces me lleno de agradecimiento hacia mí mismo, a la vida, a mis semejantes. Agradezco a quienes encuentro en mi camino, a los que siguen mi misma dirección, o a quienes eligen otra la cual no comparto, puesto que unos me muestran la aceptación y los otros la fidelidad y, todos, a su vez, me muestran sus heridas, sus patrones, sus condicionamientos, sus capacidades, sus conocimientos, su sabiduría, sus habilidades, sus defensas, su carcasa y su corazón. Y siento que todos coincidimos en la misma carencia, en la misma necesidad de ser abrazados y amados con intensidad, como niños perdidos, sin hogar, que por fin encuentran un alma que los acoge y no juzga su pasado, su presente, ni sus experiencias.

Agradezco cuanto siento que, en ese instante de mi vida, manifiesto y dispongo. Agradezco la luz del sol, el aire que respiro, el agua que me da la vida, me limpia y purifica; a la madre tierra que me cuida y sustenta, agradezco sus árboles, sus plantas, sus valles, sus montañas, su belleza, y a cuantas criaturas comparten su espacio conmigo. Agradezco el lecho en el que duermo, las sabanas limpias y cuantas comodidades hay en mi hogar y aquellos quienes, con su labor, las hicieron posibles hasta llegar a mí. Tantas y tantas cosas que agradecer que debiera dedicar todo mi día a ello, así que eso trato de hacer cuando dejo mi meditación, caminar y actuar con ese agradecimiento, tratando de sostener en mi esa energía, esa fusión con la vida y mis sucesos.

Esto no se llama religión, aunque lo puedes llamar así, no se llama espiritualidad, aunque lo puedes llamar así, no se llama creencias, aunque también lo puedes llamar así. Para mí, se llama apertura de conciencia. Se llama ser consciente de que no soy un ser que camina al margen de todo, renegado consigo mismo y con la vida, encerrado en sus problemas, su verdad y su mundo, aferrado a su cuerpo y a las necesidades del mismo y, este acto, en sí, es orar, pero puedes llamarlo, si quieres, estar conectado al misterio que soy.



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